¿Sirve de algo el cambio de horario?

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Durante estos días la polémica declaración unilateral de independencia y todo lo relacionado con el “procés” catalán han inundado los medios de comunicación españoles dejando poco sitio para cualquier otra noticia. Y aunque no provoca tanto debate como la cuestión catalana, esta semana hemos vivido (o más bien, revivido) una larga discusión por el consabido cambio de horario.

En la noche del pasado sábado en Europa y este último fin de semana en Estados Unidos, el reloj se atrasó una hora y, como ya es costumbre, las quejas y discusiones sobre la eficacia de este cambio de hora volvieron a aparecer. Los defensores y los opositores esgrimieron sus argumentos y sacaron a relucir las mismas quejas de años pasados… pero, ¿por qué siempre surge esta polémica?

Contactamos con Manu Arregi, astrónomo y divulgador, que considera que el problema no debería ser tan grave: “la causa de las quejas son las molestias derivadas de cambiar la hora, porque luego la gente sí se hace al cambio de hora con rapidez. Los primeros días, hasta que nos acostumbramos, tenemos la sensación de levantarnos una hora antes o una hora después”.

Sin embargo, estas quejas se escuchan más en el cambio de hora de invierno que en el de verano y no debería ser así porque “El horario de invierno no existe. En realidad lo que hacemos ahora es volver al horario normal ya que en verano adelantamos una hora respecto al horario oficial… Resumiendo: el único cambio que realmente hacemos es el de verano, en el que adelantamos una hora el reloj para que haya más luz en las tardes, ahora simplemente tenemos que devolver la hora que habíamos adelantado”.

El origen de estos cambios horarios se remonta a finales del siglo XIX y las razones poco tienen que ver con el ahorro energético. En esa época, tal y como nos cuenta Javier Yanes en su reciente artículo, un entomólogo inglés llamado George Vernon Hudson, se quejaba de tener poco tiempo de sol por las tardes para ejercer su afición de recoger insectos. Más tarde otro inglés, William Willett, se convirtió en abanderado de esta causa de añadir luz a las tardes de invierno para poder jugar a su deporte favorito: el golf.

Desde entonces, añadir una hora de sol a las oscuras tardes de invierno fue un concepto que se utilizó en diversos países y momentos históricos. Sin embargo el cambio de hora no terminó de cuajar oficialmente en toda Europa hasta el año 1973 en el marco de la crisis mundial del petróleo. “Las razones fueron que, ante la crisis energética de mediados de la década de los ’70, se pensó en esta medida para ahorrar en energía. Para aprovechar la hora de la mañana”, explica Arregi.
Hoy en día el ahorro energético derivado de esa hora está en debate y existen numerosos estudios que niegan ese supesto ahorro, o al menos lo minimizan. En resumen, si mantenemos este horario es más por inercia que por ahorro.

Lo que sí es cierto es que en invierno, con nuestro horario normal, se hace de noche muy pronto. En algunas zonas empieza a oscurecer a las 18:00 y ya es noche cerrada a las 18:30. Cambiamos la hora en marzo para aprovechar algo más de luz durante las tardes de primavera y verano, pero hay que devolver esa hora de adelanto en algún momento para volver al horario oficial.

“Hay que tener en cuenta todas las zonas en España, explica Arregi. Hay mucha gente que se queja de que anochece demasiado pronto y quisieran mantener el horario de verano, pero también habría que recordar que si hacemos eso, a los gallegos no se les haría de día hasta las 10:00 de la mañana. Un horario de verano durante todo el año no sería muy adecuado para Galicia. Al final el problema es que vivimos en un país con 13 grados de ampitud y hay mucha diferencia entre zonas… será muy difícil contentar a todos”.

Para más información sobre el tema recomiendo leer el artículo de Javier Yanes y el de Manu Arregi publicados en estos días.

Información de Yahoo

 

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