¡Gracias Rubén Mendoza Ayala!

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Sin duda la partida de Rubén Mendoza Ayala, el hombre, el político, el líder social y, sobre todo, el amigo, nos deja devastados y desproveídos de una guía ética y moral a muchos. De Rubén, quienes lo conocimos y convivimos con él, sólo podemos tener buenos recuerdos y muchas enseñanzas. En lo personal siempre le tuve mucho cariño, afecto y admiración.

Rubén fue controversial, sin duda, pues muchos nunca entendieron (y ni entenderán) que para él la política era pasión, entrega, una lucha incansable por el bien de este México que siempre amó y un medio para servir. En el servicio Rubén siempre encontró la recompensa a los desvelos, al arduo trabajo y al compromiso. Él siempre marcó una pauta ética en su quehacer y por eso hubo para quienes fue incómodo, pues la vileza nunca fue una opción. Nunca aplaudió el entreguismo, la opacidad, la impunidad y la desvergüenza y siempre enarboló la congruencia, la transparencia, la justicia y la honestidad.

Un día Rubén, en una de esas pláticas extensas – como las acostumbraba – en el Starbucks de Fuentes de Satélite, tras mostrarme parte de un manuscrito sobre el Grupo Atlacomulco en el que estaba trabajando (el cual espero sea rescatado), me dijo: “la fe en un ideal nunca se acaba, aunque muchas veces la coyuntura nos haga tomar otro camino. Cuando eso pase, no hay que permitirnos olvidar el fin y debemos retomar el rumbo, porque si no somos capaces de seguir nuestra línea y nos gana el conformismo o los intereses, no habremos sido fieles a nada y habremos errado de vocación, porque dejaremos de ser políticos, para volvernos pillos”, frase que nunca olvidaré y que lo definía a plenitud.

Rubén fue siempre fugaz, tanto en sus incursiones en política, como en sus descansos. Rubén fue siempre un guerrero incansable e inquebrantable, capaz de entender los cambios y los tiempos. Fue visionario, audaz y capaz de redefinirte, pero, sobre todo, fue un gran ser humano, auténtico, compasivo, sensible, honesto y generoso, que dio grandes luchas, a pesar de tener la corriente en contra, solamente con el fin de dejar testimonio.

Muestra de su generosidad fueron las decenas de cuadros políticos que formó, hasta sus últimos días, pues él creía en los relevos y no en los yugos. Traicionado por decenas de ellos, siempre fue capaz de darle la vuelta a la página, perdonar y seguir siendo formador, pues esa era su vocación y su convicción.

Sin duda no entenderíamos los años de Gloria del PAN mexiquense, la consolidación del Corredor Azul y el crecimiento de Tlalnepantla y la Región, sin entenderlo a él.

Siempre plural, con convicciones claras, que sobrepasaban cualquier ideología, capaz de construir acuerdos y unificar lo aparente inunificable, Rubén se vio forzado a tomar otros rumbos y reconstruirse decenas de veces, pues nadó en un mundo donde la ética vulneraba status quo. Aun así, el liderazgo de Rubén siempre salió a flote y aunque quizás en sus últimos años no construyó victorias electorales, sí las construyó testimoniales.

No me da pena decir que su partida hizo que algunas lágrimas corrieran por mis mejillas, pero orgullo me da decir que pude luchar en varias ocasiones hombro con hombro con él.

¡Gracias por todo el apoyo y los consejos que me diste estos años, pero sobre todo por lo que hiciste por todos!

Mi líder, maestro y amigo, deseo que el Creador ya te tenga consigo. Rubén Mendoza Ayala descansa en Paz.

David Agustín Belgodère
Twitter: @BogusBelgodere

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